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sábado, 19 de mayo de 2007

El otro


Ver una película como El otro invita a dejar de lado las ganas de ver una de tiros, bajar un cambio y dedicarse a mirar. El otro es una película intimista, de esas que tienen pocos diálogos y silencios que parecen interminables. ¿A quién no le gustaría por un rato escaparse y jugar por un ratito a ser otro? Usar otro nombre, tener otra profesión, conquistar a otra persona. Todo eso es lo que hace Juan, abogado, 46 años, recién enterado de su futura paternidad, mientras tiene que lidiar con su padre que ya está muy mayor.


No sabemos mucho más de Juan y tal vez no sea necesario; no debe ser fácil decir cosas sin decir una palabra. Y Julio Chávez lo hizo. Es gracioso ver cómo a lo largo del film los ancianos se le cruzan en su camino, como si todo el tiempo le recordaran que esa nueva vida a la que está jugando no le pertenece, que tiene que volver a ser quien es en realidad: Juan, abogado, 46 años, a punto de ser padre. Una peli simple, cuidada, interesante. Pero, eso sí, si lo tuyo es Bruce Willis o Spiderman, mejor rumbeá para otro lado.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Por más que insistan, la única comparación posible entre El ilusionista y El gran truco es que ambas tienen a magos como protagonistas. Después de eso, no mucho más.

El ilusionista es -sobre todo- una historia de amor en la que sólo se pueden destacar la actuación de Paul Giamatti que le otorga a su personaje la ambigüedad necesaria como para convertirlo en un ser adorable y detestable al mismo tiempo y la espectacular fotografía en tonos sepia.
El gran truco, por su parte, sin ser una obra maestra es entretenida y sostiene el ritmo. El director Nolan intenta confundirnos con una vueltita de tuerca por aquí y otra por allá. Y muchas veces lo logra. Con un casting impecable en el que sobresalen Michael Caine (cuándo no) y Christian Bale, partiendo de una premisa poco menos que inverosímil (la supuesta guerra sucia entre dos magos por hacer el mejor truco) el film logra en el espectador mucho más de lo que logra El ilusionista. Y hoy en día encontrar una película que no te invite a dormir ya es motivo para alegrarse.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Philippe Noiret



La primera vez que vi Cinema Paradiso tenía 14 y lloré como una marrana durante los últimos 45 minutos de la película. La segunda, tercera y cuarta vez lloré desde el principio porque sabía lo que iba a pasar. Las siguientes veces -no las tengo contabilizadas, pero fueron más de 15- lagrimeé bastante aunque sin tanta congoja.

El viejo Alfredo interpretado por Philippe Noiret fue uno de los personajes cinematográficos que más me marcó en mi adolescencia. Me hubiera gustado tener un abuelo como él. Mi abuelo era tano también, pero se murió cuando yo era chiquita y no lo recuerdo andando en bicicleta. Adopté para mi vida varias de las frases que Alfredo le dejó a Totó como legado ( "El progreso siempre llega tarde")y también me enojé con él: nunca comprendí por qué le exigió a Salvatore que jamás retornara a su pueblo.

Disfruté de Noiret/actor en muchos otros films hablados en francés (su idioma natal) o en italiano (el idioma que lo consagró) y siempre entregó una labor que bordeaba la excelencia. Incluso en El cartero, quizás su actuación más conocida en -para mí- una película no tan buena.

Murió el jueves 23 de noviembre.Tenía 76 años y una curriculum que incluía más de 120 películas, otras tantas obras de teatro y dos premios Cesar por sus actuaciones en El viejo fusil (año 1976) y La vida y nada más (año 1990, de Bertrand Tavernier, casi casi su director fetiche)

Hay una vieja canción que Enrique Pinti escribió para Salsa Criolla que dice:
"Pasan los años, pasan los gobiernos,
los radicales y los peronistas,
pasan veranos, pasan inviernos,
quedan los artistas..."
A veces dudo de su certeza, pero no en este caso. Estoy convencida de que Philippe Noiret seguirá vivo mientras alguien continúe disfrutando de su obra.

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martes, 24 de octubre de 2006

Una pareja perfecta


Resulta que alguien me dijo hace un tiempo “Tenés que ver Una pareja perfecta ¡es la película perfecta!”. No sabía cómo decirle que ya la había visto dos veces (hubiera sido cortarle la ilusión a tamaño entusiasmo), pero se lo dije. Una pareja perfecta es una película desoladora, triste y a la vez llena de esperanza. La pareja perfecta del título ya no es tan perfecta y está en pleno proceso de separación, entonces –cuando se supone que todavía quedan muchos diálogos inconclusos- es cuando menos se habla. Y un poco de eso va la historia: de mostrar lo difícil que es compartir el mismo techo, dormir en camas separadas, querer hablar y encontrar una pared del otro lado, estar con alguien, pero sentirte solo. Y a la vez, desear una segunda oportunidad. Son pocas las escenas y cada plano es un cuadro con poco movimiento y con Valeria Bruni Tedeschi como plus: excelente actriz y además, hermosa. Es tan real que da escalofríos, porque las actuaciones –además- son brillantes. Y cuando empiezan los créditos finales uno quisiera quedarse en esa estación de trenes un ratito más para ver cómo sigue la historia de esos personajes tan parecidos a nosotros mismos, pero el director japonés Nobuhiro Suwa, nos dice que ya vimos demasiado…y lo que sigue, es otra historia.