Hace poco conté que mi papá no soportaba los dramones porque decía que “para amarga ya está la vida” y me llevaba al cine a ver obras maestras del estilo de Mingo y Aníbal contra los fantasmas, Jhonny Tolengo o Bañeros 1 y 2 que, en definitiva, también me daban ganas de llorar. Me acordaba de mi viejo mientras veía Babel y pensaba “Dios mío, qué mal lo estoy pasando”. Es que, si bien se trata de un gran film, la angustia que produce es excesiva y de verdad creía que no podría soportar que algo más les saliera mal a los protagonistaas. Lo que confirma Babel es que Alejandro González Iñárritu (quien me partió la cabeza con Amores Perros) es un gran director y que supo conformar un elenco en el que todos se destacan pero (porque siempre hay un pero), aunque el guión de Guillermo Arriaga es interesantísimo, la sensación que me quedó es que González Iñárritu quiso aprovechar el presupuesto y metió la parte que transcurre en Tokio a presión, porque el producto final no se modificaría demasiado sin esa historia. Cada una de las partes es una película en sí misma, pero mientras lo que pasa en Marruecos se relaciona directamente con lo que ocurre en México (entre otras cosas, ambas muestran una dura crítica a la sociedad norteamericana y su escala de valores); la historia de la japonesa cobra fuerza por sí misma (o por la gran actuación de Rinko Kikuchi alias Chieko) y podría tranquilamente convertirse en otra película ajena a esta. El sabor que me quedó terminada la función fue amarguisimo, un nudo en el estómago. Y eso me pasó más allá de la satisfacción de haber visto un film de grandes actuaciones, como la de la japonesita o de la increíble Adriana Barraza que transita por todos los estados de ánimo y lo hace con mucha altura.
Mi consejo: Prohibido ver Babel si estás pasando por un período de bajón, embarazo o hipersensibilidad; de lo contrario, la que suscribe no se responsabiliza por los efectos colaterales que semejante drama pueda ocasionar en su psiquis. Igual, vale la pena hacer el intento
Era un blog que "hablaba" sobre películas. La cosa cambió. Un poco.
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jueves, 8 de febrero de 2007
jueves, 21 de diciembre de 2006
Como para terminar el año bien arriba, anduve por los Hoyts del Abasto buscando alguna peli que me acaricie un poco el alma. Las opciones no son muchas: Hay bastante violencia en la cartelera cinematográfica. Niños del Hombre, a pesar de lo tierno del título expone un futuro aterrador. Imagínense un mundo sin las voces y las risas de los niños, con los parques y las plazas destruidos. Triste ¿no? Eso pasa en el año 2027, cuando las mujeres llevan más de 18 años de infertilidad y el mundo vive en guerra. Con una fotografía es excelente, el film muestra un mundo gris, helado, contaminado. Una Londres sumida en la podredumbre.
La historia es sangrienta. Densa, pero creíble. Clive Owen – quien siempre me pareció de madera- compone un héroe atípico. Es un tipo común al que la vida le cambia de golpe. "Su Misión" le cayó de arriba, pero es fundamental para la salvación de la humanidad.Y cumple con su tarea sin agarrar un revólver. Raro en los tiempos cinematográficos que corren. Michael Caine aparece pocos minutos, pero ilumina la pantalla. Una pena que no pudiéramos disfrutarlo más tiempo.
Aquellos que aún no la vieron: Presten atención a una de las últimas secuencias en las que está Julianne Moore (la de la persecución) y después me cuentan si eso no es una obra maestra del director Alfonso Cuarón que la filmó como filman los grandes.
Y no les cuento el final, pero que la última imagen del film sea la palabra MAÑANA encierra todo un mensaje que, como corresponde a esta época del año, está lleno de esperanza.
La historia es sangrienta. Densa, pero creíble. Clive Owen – quien siempre me pareció de madera- compone un héroe atípico. Es un tipo común al que la vida le cambia de golpe. "Su Misión" le cayó de arriba, pero es fundamental para la salvación de la humanidad.Y cumple con su tarea sin agarrar un revólver. Raro en los tiempos cinematográficos que corren. Michael Caine aparece pocos minutos, pero ilumina la pantalla. Una pena que no pudiéramos disfrutarlo más tiempo.
Aquellos que aún no la vieron: Presten atención a una de las últimas secuencias en las que está Julianne Moore (la de la persecución) y después me cuentan si eso no es una obra maestra del director Alfonso Cuarón que la filmó como filman los grandes.
Y no les cuento el final, pero que la última imagen del film sea la palabra MAÑANA encierra todo un mensaje que, como corresponde a esta época del año, está lleno de esperanza.
viernes, 27 de octubre de 2006
Pequeña Miss Sunshine

Señoras y señores amantes del séptimo arte: tengo el agrado de dirigirme a ustedes para anunciarles la llegada de una gran película gran a nuestra cartelera. Se titula Pequeña Miss Sunshine y es una deliciosa comedia dramática con un elenco de notables. Mis expectativas eran mínimas y, sin embargo, salí con una de esas sonrisas que llegan hasta el corazón. Porque este film chiquito, que cuenta las vivencias de una familia disfuncional mientras atraviesa el mapa desde Albuquerque hasta California, lo tiene todo: conmueve, enamora y entretiene. Despliega un humor bastante negro en situaciones que bordean el delirio y hasta logra que sueltes una lagrimita. Todo en el mismo envase. Y encima tiene una banda sonora ¡¡maravillosa!!
Los protagonistas son impresentables : padre fracasado que cree que tener la posta en la materia ÉXITO; abuelo adicto a la heroína; hijo adolescente que se niega a hablar; tío gay, genio y suicida; niña que aspira a ser Miss Sunshine; madre sobrepasada por todo esto y hasta una camioneta a la que deben subir corriendo porque sólo funciona en tercera y cuarta velocidad. Con esta galería de personajes el resultado podría haber sido patético, pero no. Lejos de la crítica social de películas como Belleza Americana y más cerca de la brillante Los exéntricos Tenenbaum, la familia Hoover se ganó mi simpatía. Porque a pesar de tanta miseria junta, de tanta vida trágica, de tanta "anormalidad", resultaron ser gente adorable. Y cuando llegó esa secuencia final –la del baile- me dieron ganas de subirme al escenario y bailar con ellos porque, como siempre, no hay nada más lindo que la familia unida.
martes, 24 de octubre de 2006
Una pareja perfecta

Resulta que alguien me dijo hace un tiempo “Tenés que ver Una pareja perfecta ¡es la película perfecta!”. No sabía cómo decirle que ya la había visto dos veces (hubiera sido cortarle la ilusión a tamaño entusiasmo), pero se lo dije. Una pareja perfecta es una película desoladora, triste y a la vez llena de esperanza. La pareja perfecta del título ya no es tan perfecta y está en pleno proceso de separación, entonces –cuando se supone que todavía quedan muchos diálogos inconclusos- es cuando menos se habla. Y un poco de eso va la historia: de mostrar lo difícil que es compartir el mismo techo, dormir en camas separadas, querer hablar y encontrar una pared del otro lado, estar con alguien, pero sentirte solo. Y a la vez, desear una segunda oportunidad. Son pocas las escenas y cada plano es un cuadro con poco movimiento y con Valeria Bruni Tedeschi como plus: excelente actriz y además, hermosa. Es tan real que da escalofríos, porque las actuaciones –además- son brillantes. Y cuando empiezan los créditos finales uno quisiera quedarse en esa estación de trenes un ratito más para ver cómo sigue la historia de esos personajes tan parecidos a nosotros mismos, pero el director japonés Nobuhiro Suwa, nos dice que ya vimos demasiado…y lo que sigue, es otra historia.
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